Gracias Beach House!

Beach House sounds best in the rain.

Hoy, 15 de Mayo del 2012, se ha lanzado por fin el nuevo disco de la banda de Batilmore, Beach House, con su nuevo álbum llamado “Bloom”.

Comercialmente hablando, hay un antes y un después de Teen Dream en la carrera de Beach House. Y es que si bien el grupo nunca apostó por la ruta fácil para su entrega de 2010, sí supo conservar y expandir en ella sus mejores cualidades, al punto de que hasta el día de hoy es considerada por muchos como su mejor producción. La calidad de esta placa también les trajo una gran exposición en los medios, algo con lo que la banda, adoradora del misterio, no parece estar muy contenta, al menos de acuerdo con las primeras entrevistas que han dado para promocionar su nuevo intento, que sale a la venta justo el día de hoy.

Quizá por ello parecen haberse refrenado un poco en Bloom. Y es que mientras Teen Dream era toda pasión adolescente, en esta nueva entrega la banda parece haber viajado a esferas más etéreas y subliminales, envuelta en capas de misterio rebosadas con órganos de todas las texturas y colores, baterías que entran y salen según los requerimientos y la voz de Victoria Legrand quizá un poco más aguda de lo habitual y menos dominante.

Hay que decir sin embargo que a primera vista esta placa no se separa del sonido que el dúo ha venido trabajando desde sus inicios. De hecho, podríamos decir que Beach House no  apuesta por la innovación en esta entrega. Y sin embargo, una concienzuda revisión de las canciones, acompañada del regreso de sus anteriores producciones a nuestra lista de reproducción, nos mostrará que el grupo no ha permanecido totalmente inmóvil en cuestiones auditivas ni estéticas. Porque con cada nuevo paso los de Baltimore han sabido pulir su sonido hasta abandonar las oscuras profundidades y el sonido lo-fi de sus primeros discos, ofreciendo a cambio un sonido más trabajado, mejor producido y ligero en sus más recientes álbumes.

De hecho, una de las palabras que podrían ayudarnos a definir este disco es etéreo. Porque mientras Teen Dream era muy terrenal en sus fijaciones, este trabajo flota por nubes y atmósferas alejadas del piso, un sentimiento que se ve reforzado tanto por los coros como por los órganos, sintetizadores y teclados de texturas ligeras y la capacidad de la banda para llenar cada segundo de manera elegante, pero también para saber callar en el momento preciso.

Curiosamente, el track con el que abre la placa es quizá el que menos nos ayudaría a definirla. “Myth”, que seguramente han estado escuchando en eterna repetición como yo desde que la banda lo ofreció como adelanto de la producción, es apasionado, cargado y mucho más grave que el resto de sus compañeras. Tiene además un ritmo mucho más fácil de digerir, algo que, conforme vayamos avanzando en el disco, nos daremos cuenta que no es la norma sino la excepción.

Hay por supuesto joyas que brillan en medio de tracks más cerrados y crípticos, no tan inmediatos. Entre estos está “Wild”, en el que el dúo recupera la tradición de bandas como Cocteau Twins e incluso hace caso de agrupaciones contemporáneas como School of Seven Bells para formar un tema un poco más estructurado y rítmico, en el que la guitarra de Alex Scally parece responder a la voz de Legrand mientras la batería lleva la electrónica en el fondo.

También sobresale el tema que parte a la mitad a la producción: “Troublemaker”, una melodía a medio ritmo llevada por la guitarra de Scally con algunos tonos de órgano en la que Victoria canta anhelantemente: “Some day out of the blue it will find you. Always, always a face to remind me: Someone like you, someone like you, someone like you (Algún día te va a encontrar de repente. Siempre, siempre una cara que me recuerde a alguien como tú…)”.

En este rubro también está la encantadora “On The Sea”, comenzada por un pianito juguetón y que sube en intensidad mientras Legrand anuncia el final; al igual que “Irene”, melodía que juega con diversas intensidades a lo largo de sus seis minutos de duración, pulsando saturada algunas veces y contenida en otras hasta llegar a su parte oculta, el track complementario “Wherever You Go”.

Entre los tracks medianos, que no malos, están “Other People”, con una estructura mucho más tradicional y un apasionado comienzo cortesía de Victoria; “The Hours”, en la que Scally luce sus habilidades con la guitarra; el dream-pop de altos vuelos contenido en “New Year” y finalmente “Wishes”, que sobresale gracias a su poderoso (en el mundo de Beach House por supuesto) solo de guitarra y una segunda parte muy juguetona que sabe a despedida.

Finalmente, el track más flojo a mi parecer es “Lazuli”, canción que no me gustó desde que lo pusieron como adelanto y que me pareció más flojo todavía al estar rodeado de dos cartas fuertes como lo son “Wild” y “Other People”.

Finalmente hay que decir que, con todo y sus ganchos, esta es definitivamente una producción a la que es necesario escuchar con atención, paciencia y en repetidas ocasiones para develar sus secretos, pues no es tan inmediata como su anterior disco. Algo que bien puede ser la respuesta de la banda a tanta exposición mediática, llegada precisamente luego del triunfo de Teen Dream. Así, Bloom se muestra mucho más atmosférico y críptico, enganchado en su propio deleite más que en las opiniones o visiones del mundo exterior.

En él, la voz de Victoria y sus teclados preguntan, responden y complementan de manera perfecta a las guitarras de Scally, que a su vez ofrecen cuestionamientos y soluciones a asuntos cercanos a lo celestial, apoyado en la batería y las cajas de ritmos de Daniel J. Franz (baterista en su tour). Porque Beach House flota en nubes en este intento, revoloteando en un mundo propio al que sólo tienen acceso aquellos capaces de comprender sus signos y compases.

Esta cualidad etérea es sin duda una de las mayores fortalezas de este disco, que también ofrece un sonido no renovado pero con trucos diferentes, quizá habilidades mejor aprendidas o tal vez mejor producidas. Y es que, a pesar de que la entrega definitivamente no contiene ninguna novedad sonora, y a que hay momentos en los que alcanzas a distinguir algún acorde o progresión utilizados en el pasado, en ningún momento sientes que este álbum sea la segunda parte de cualquiera de sus anteriores discos.

Ahora, la pregunta que tal vez se estén haciendo aquellos que todavía no han escuchado la producción es: ¿es mejor que Teen Dream?. La respuesta es un rotundo no. Tal vez sea la producción excesivamente pulida, sus mismas cualidades volátiles o la falta de disposición de la banda para el cambio, pero por momentos pareciera que falta algo con lo cual asirse a la tierra para dejar de ver tanto blanco y azul.

Claro que esto no significa que el disco sea malo. De hecho, en él podemos encontrar la calidad a la que nos tienen acostumbrados este dúo. Hay momentos brillantes, acordes tremendos y voces fuera de este mundo. Porque en Bloom Beach House ha sabido verter sus mejores atributos, en esta incasable búsqueda por la melodía (que no la canción) perfecta. Al final es un hecho que no les gustan las estructuras, las etiquetas y mucho menos quieren convertirse en una banda demasiado importante.

La conclusión a la que podemos llegar es que Bloom es un buen regreso, que no necesariamente les gustará a todos, es verdad, pero que sabrá premiar a aquellos con la suficiente paciencia y disposición para subir y permanecer en otras alturas. Beach House es una banda fina y elegante en lo mejor de estos términos, y ahí está esta nueva producción para probarlo.

(vía Cuchara Sónica)
Más entrevistas; en Inglés vía Pitchfork
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